Viajes y Tramites

Chiloé – Chile – Turismo

Poblados rurales, playas desiertas, humedales, parques nacionales y un conjunto de 16 iglesias de madera declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son parte de los escenarios que cautivan a quienes realizan viajes a Chiloé, un conjunto de mágicas islas que emergen de las cimas de la Cordillera de la Costa en medio del Océano Pacífico.

¿Como viajar a Chiloé?

Viajes a Chiloé en avión: Desde algunas ciudades de Chile, como Santiago y Puerto Montt, se pueden realizar viajes a Chiloé en avión, arribando al Aeropuerto Mocopulli en la comuna de Dalcahue, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Castro, capital del archipiélago.

Viajes a Chiloé en bus: Solo desde algunas ciudades de Chile se pueden realizar viajes directos a Chiloé en bus, entre ellas figuran Santiago (viaje de 17 horas) Punta Arenas (viaje de 36 horas) y Puerto Montt (viaje de 40 minutos). Todos estos buses cruzan por medio de transbordador a Chiloé.

Viajes a Chiloé en auto: Para llegar a Chiloé en auto, siempre será necesario el uso de transbordador, los cuales zarpan con distintos horarios y frecuencias, desde Pargua, Chaitén y Chacabuco. Desde el norte, el transbordador se debe tomar en Pargua (a 60 km de Puerto Montt), los cuales salen aproximadamente cada 30 minutos, cruzando al Puerto de Chacao, en alrededor de una hora.

Desde el sur, en cambio, se debe tomar el transbordador en el puerto de Chaitén o en el puerto de Chacabuco, demorándose el primero 5 horas y el segundo 24 horas en llegar a Chiloé. Es importante para estos casos, considerar que las frecuencias de transbordadores son mucho menores, por lo que es fundamental informarse con anterioridad de éstas.

¿Cuándo ir?

El clima de Chiloé es es templado marítimo lluvioso, con temperaturas medias de unos 11°C y lluvias frecuentes a lo largo de todo el año. Los inviernos son bastante fríos, mientras que los veranos son templados, cortos y suaves. Otoño y primavera, son estaciones de transición, normalmente fríos y lluviosos.

Si bien cada temporada tiene su atractivo especial, se suele considerar verano, como la estación más agradable en relación al clima. A continuación te mostramos que ofrece cada época del año.

Verano

Para la gran mayoría, el verano es la temporada más atractiva para viajar a Chiloé, momento con todos los servicios turísticos funcionando, temperaturas más cálidas con medias de 9°C y máximas de 18°C; junto a menores precipitaciones.

Esta época, también permite disfrutar de mejor modo la navegación entre las islas y fiordos que componen el archipiélago, actividad que puede presentar mayor riesgo con las lluvias invernales. Al mismo tiempo, el verano tiene el encanto, de los numerosos festivales costumbristas llevados a cabo, destacando entre ellos, el Gran Festival Costumbrista Chilote en Castro, celebrado el tercer fin de semana de febrero.

Otoño

Marzo, el primer mes otoñal, continúa siendo una espléndida alternativa para viajar a Chiloé, con temperaturas que aún se mantienen cálidas y numerosos atractivos turísticos aún en funcionamiento, tales como la famosa Pingüinera de la Bahía Puñihuil, donde arriban Pingüinos de Humboldt y Magallánicos, entre agosto y marzo.

En los dos meses posteriores, aumentan las lluvias y disminuyen las temperaturas, presentándose medias de 6°C. Si se viaja en esta época, es importante considerar, que varios de los atractivos turísticos se encuentran cerrados, aún cuando sigue siendo posible visitar los parques nacionales e iglesias patrimoniales.

Invierno

Durante el invierno, se concentran la mayor cantidad de lluvias del año y las temperaturas descienden notoriamente, presentándose medias de alrededor de 3°C.

Si bien el clima no es favorable, esta época tiene el gran encanto de permitir la observación de aves, ya sea en agosto con la arribada de pingüinos a la Bahía Puñihuil, o con la maravilla de los flamencos chilenos en el Humedal de Putemú, hermosas aves migratorias que hacen su llegada a inicios de junio, para abandonar la isla a mediados de septiembre.

Primavera

En esta época las lluvias disminuyen y las temperaturas empiezan a aumentar gradualmente con medias de 4°C en septiembre, 5°C en octubre y de 6°C en noviembre.

Esta estación, también tiene el atractivo de permitir la observación de aves, ya sea en septiembre con los flamencos chilenos en el Humedal de Putemú o desde octubre en toda la isla, cuando arriban cerca de 28 mil ejemplares de aves migratorias desde el hemisferio norte, quedándose hasta abril.

¿Qué hacer?

Chiloé es un destino para viajar sin prisa, entregándose a la magia de lo inesperado y de las sorpresas, disfrutando de actividades que principalmente giran en torno al contacto con la naturaleza y la cultura chilota.

Entre las primeras, son un imperdible, la visita a cualquiera de los parques del archipiélago – Parque Nacional Chiloé y Parque Tantauco – ambos refugio de los paisajes siempre verdes de la selva valdiviana, región ecológica del centro-sur de Chile, considerada entre los 34 puntos con mayor biodiversidad del planeta.

En este mismo criterio, destacan las actividades ligadas al avistamiento de aves, no por nada, el archipiélago es considerado uno de los paraísos de avifauna en Chile, albergando numerosos humedales donde conviven tanto aves endémicas como especies migratorias.

Otras actividades memorables de contacto con la naturaleza, son las distintas alternativas de navegación, especialmente aquellas que se internan por el Fiordo de Castro o hacia las Islas de Quehui y Chelin.

En complemento a las maravillas naturales de la zona, no se pueden dejar de realizar actividades que permitan empaparse con la cultura chilota, un pueblo de tradiciones centenarias, famoso por su folclore y arquitectura.

Entre estas actividades, destacan la Ruta de las iglesias, un mágico recorrido que pasa por el conjunto de 16 iglesias declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, templos religiosos de madera, levantados entre mediados del siglo XVIII y el primer tercio del siglo XX, diseminados entre las comunas de Quemchi, Dalcahue, Quinchao, Castro, Chonchi y Puqueldón.

Tampoco deja ser interesante, disfrutar de la gastronomía única de la zona, famosa por el uso de la papa en casi todas sus recetas o bien irse compras, a alguno de los tantos mercadillos artesanales que funcionan en los meses estivales, ofreciendo trabajos originales, principalmente en tejidos y cestería.

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